Dos Naturalezas de Cristo:Divina y Humana

LEER JUAN 1: 1-5; 14.“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, Y EL VERBO ERA DIOS…”

LA ETERNIDAD DE CRISTO: ¡Sí! Cristo hizo todas las cosas, existió antes que todas las cosas existieran. Las palabras que se refieren a este tema son tan concluyentes, que nadie tiene por que quedar con dudas. Cristo fue Dios esencialmente y en el máximo sentido.  Estuvo con Dios desde la eternidad; Dios sobre todas las cosas; bendito para siempre.  EL era la gloria máxima del cielo.  Era por derecho propio, el comandante de los seres inteligentes celestiales y recibía el homenaje de adoración de los ángeles. Con ésto en nada usurpaba a Dios (leer Prov. 8:22-27). Hay luz de gloria en la verdad de que Cristo era uno con el Padre antes de que se pusiera el fundamento del mundo.

SALVADOR DIVINO-HUMANO: El apóstol nos presenta las dos naturalezas de Cristo: La divina y la humana.

Esta es la descripción de la naturaleza divina: EL era “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia”.

Esta es la descripción de la naturaleza humana: “Hecho semejante a los hombres: y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte”.

Voluntariamente tomó la naturaleza humana. Revistió su divinidad con humanidad. Fue Dios mientras estuvo en la tierra, pero se despojó de la forma de Dios, y en su lugar tomó la forma y la figura de un hombre. Anduvo en la tierra como un hombre. ¡Admirable combinación de hombre y Dios. El Verbo eterno consintió en hacerse carne. Dios se hizo hombre. Fue una humildad maravillosa!

Cristo dejó su lugar en las cortes celestiales y vino a esta tierra a vivir la vida de los seres humanos.  Hizo este sacrificio para mostrar que es falsa la acusación de Satanás contra Dios, ésto es, que es posible que el hombre obedezca las leyes del reino de Dios.  Cristo, siendo igual con el Padre, honrado y adorado por los ángeles, se humilló  por nosotros y vino a esta tierra a vivir una vida de humildad y pobreza: vino a ser un varón de dolores, experimentado en quebranto. Sin embargo el sello de la divinidad estaba sobre su humanidad. Vino como Maestro divino para elevar a los seres humanos, para aumentar su eficiencia física, mental y espiritual, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

Cuando Jesús tomó la naturaleza humana y se convirtió en semejanza de hombre, poseía el organismo humano completo.  Sus necesidades eran las necesidades de un hombre. Tenía necesidades corporales que satisfacer, cansancio físico que aliviar.  Por medio de oraciones al Padre se fortalecía para el deber y la prueba.  Si Cristo hubiese venido con su forma divina, la humanidad no podría haber soportado el espectáculo.  El contraste hubiera sido demasiado doloroso, la gloria demasiado abrumadora. La humanidad no podría haber soportado la presencia de uno de los puros y brillantes ángeles de gloria. Al tomar sobre sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo más mínimo de su pecado.  Estuvo sometido a las debilidades y flaquezas por las cuales está rodeado el hombre. El se compadeció de nuestras debilidades y fue tentado en todo “pero sin pecado” El fue el Cordero sin mancha y sin contaminación” No debiéramos albergar dudas en cuanto a la perfecta impecabilidad de la naturaleza de Cristo.  Nuestra fe debe ser una fe inteligente  que mire a Jesús con perfecta confianza, con fe plena y completa en el sacrificio expiatorio.    

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