La Oración: Fuente de Poder

¿CÓMO ORAR?

ES FÁCIL DECIR QUE HAY QUE ORAR. Pero el problema surge cuando no sabemos orar.  Recuerda una sola cosa: los discípulos de Jesús tampoco sabían orar.  Y porque sintieron la necesidad de orar, le pidieron  a su Maestro que les enseñara.

En MATEO 6:9-13 encontraron la oración modelo.  “El Padrenuestro”. Jesús dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.  Venga tu reino.  Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.  El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.  Y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

En su enseñanza, el Señor no les dio a los discípulos una fórmula para orar, sino que les enseñó los principios de la oración. Les explicó que la oración debía comenzar con:

  • a. una alabanza:  “Santificado sea tu nombre”,
  • b. seguida con una expectativa: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad”,
  • c. una petición: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”,
  • d. una  confesión: “Y perdónanos nuestras deudas…”,
  • e. y finalmente una expresión de confianza y alabanza en la capacidad protectora de Dios: “No nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.  Amén”.

En esta oración modelo se enumeran tres tipos de oración, que a su vez representan tres promesas: Pidan y recibirán.  Busquen y hallarán. Llamen y se les abrirá. Pidan, busquen y llamen.  Dios nunca nos defraudará, Eso fue lo que Jesús les enseñó a sus discípulos.

¿QUE ES LA ORACIÓN?

Tal vez te has preguntado en muchas ocasiones que es realmente la oración: La oración de Ana, quien pidió por un hijo, fue una súplica dramática: “Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente” (1 Samuel 1:10).  Pero no siempre es un ruego, una petición, también es una expresión de alabanza (Salmo117 y 118).  La mejor definición de la oración es la de una escritora inspirada por Dios: “Orar es el acto de abrir el corazón a Dios como a un amigo…La oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia”.

La oración es la respiración del alma; es vital da las fuerzas necesarias para vivir una vida cristiana y victoriosa.

Cuando oramos, estamos hablando con Alguien que nunca nos dará la espalda, y siempre estará dispuesto a contestar todas nuestras oraciones.

En todas las oraciones  se dedica más tiempo a pedir, pedir y pedir, que a alabar. Cuando pedimos a Dios por alguna necesidad, El ya la conoce. El conoce todas nuestras necesidades, todos nuestros problemas.

En ISAÍAS 65:24 se nos dice: “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”.

¿CUÁL ES ENTONCES EL PROPÓSITO  DE LA ORACIÓN?

Recordemos que “la oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a El” (Elena White, El Camino a Cristo, pág. 93, 95). Entonces el propósito de la oración debería ser descubrir la voluntad de Dios, porque El quiere darnos más de lo que pedimos.  Según el escritor Félix Cortés, “el propósito de la oración es conocer a Dios, desarrollar y mantener una amistad con El, descubrir su voluntad, lograr un cambio en nosotros como para querer y hacer su voluntad”. (Peligro a media noche, pág. 178).

¿QUE COSA PEDIR?

Por lo tanto, temprano de mañana, en cualquier lugar donde nos encontremos, y en cualquier momento, oremos al Dios del universo para pedir lo que nos sugiere su Palabra:

  • por agradecimiento (Filipenses 4:6; Daniel 6:10),
  • por pedidos diversos (Santiago 1:5; Juan 15:7),
  • por la confesión de nuestros pecados (Salmo 32:3-6; 1 Juan 1:9),
  • por los que nos hacen daño y nos perjudican (Job 42:10),
  • por la salud de los enfermos (Santiago 5:15)

Y todo lo que pidamos al orar a Dios, sometámoslo, como Jesús, que dio su vida y sufrió por nosotros, a la voluntad del Padre. El Señor sabía que le quedaba poco tiempo y que habría de ser entregado y clavado en la cruenta cruz, entonces se arrodilló y dijo: Padre….no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Pidamos siempre que se haga la voluntad de Dios y confiemos que nos responderá, nos bendecirá, nos cuidará y nos salvará.

Dios quiera que podamos seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Oremos intensamente como El lo hizo. Porque es hora de comprender que la oración nos lleva al lugar de donde nunca debimos haber salido: a los pies de Jesús.

 

 

 

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